viernes, 21 de septiembre de 2012

Día 3.

"Me siento tan sola como cuando llueve y no tengo paraguas"

Los viernes son especialmente duros, siempre. Un poco más que los miércoles.

Lo miro, intentando que el no lo note. A diferencia suya yo si tengo necesidad de mirarle.
Lo veo bailando salsa, lo veo llamándola del mismo teléfono público de donde alguna vez me llamó a mi.
Suena "Nuestra" canción....no le importa.

Lloro...Me pregunto si nunca se va a ir? si nunca se pasará esto que siento, y que tengo adentro, me pregunto si debo resignarme a vivir con este vacío siempre, sintiendo que ya nunca nadie, nada va a superarle, me pregunto si nunca podré volver a ser feliz del todo, cómo antes de que le conociera...

Pienso en que en mi próximo cumpleaños voy a sentirme muy, muy, muy triste. No quiero que llegue.

No quiero que se me pase el enojo con él, nunca. No quiero que vea nunca cuando lo miro.

Te odio, te quiero, y tu a mi no. nunca, nunca!!!

Ah! también, siendo sincera, muy, me pregunto: cuándo llegará el día en que realmenta quieras que él se vaya de tu vida??

Me gustan las anclas- digo. - estás anclada me preguntan? - ....no quiero la respuesta.

jueves, 20 de septiembre de 2012

Día 2.

Película linda, qué me hizo sentir melancolía lo que llamo "tristeza linda"

Deseo despertarme un día y solo sentir de todo esto que es un mal recuerdo y no más.

No quiero que le duela, y no quiero que me duela, no quiero infelicidad para nadie, solo no sentir más.

También pienso que el contar los días no me dejará olvidarle, pero luego; pienso que  el día que no tenga necesidad de contarlos, supongo que es cuando ya todo habrá pasado...

20 de septiembre. No quiero dolor para ella, pero ni siquiera sé como hacer para dejar de sentir. en cuánto a él, si algún día le dije que no podía odiarlo...le mentí.




Oliver Tate: Ask me how deep the ocean is. 
Jordana Bevan: Shut up. 
Oliver Tate: Come on, just ask me. 
Jordana Bevan: Why? 
Oliver Tate: 'Cause I know the answer. 

Jordana Bevan: Oh! Do you?
Oliver Tate: Yes, I do.
Jordana Bevan: How deep is the ocean?
Oliver Tate: I'm not gonna say.
Jordana Bevan: I'm brokenhearted.
Oliver Tate: The ocean is six miles deep.
Jordana Bevan: Good.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

Me and You and Everyone we know.



Película hermosi que deseo ver ♥

Día 1.

Me gustan las listas, me gusta contar, pero por ahora no tengo nada más para contar, que empezar desde hoy a contar los días de mi dolor que no se quita, no se sale, no avanza, no nada...

Hoy me di cuenta que decir que lo extrañaba era una tontería. Si él jamás lo sintió igual.

También lo supe, que me mentía con la mirada, que me miraba cuándo le convenía. Que me miraba para que yo supiera que él me miraba, no me miraba porque quería mirarme, porque deseaba mirarme, porque le gustaba hacerlo, porque tenía necesidad de mirarme.

19 de Septiembre. Y como  duele...

martes, 18 de septiembre de 2012

Desire.


“Escribe sobre mi” fueron las últimas palabras que me dijo mirándome a los ojos empañados por lágrimas con la cara arrebolada y con la atmósfera de sexo que aún estaba entre nosotros. Creyó; talvez que era lo único que podía hacer por ella después de haberla amado tan poco, después de haberla amado nada, después de que le dije que jamás lograría enamorarme de ella.

Solo deseaba su cuerpo, jamás su alma, aunque era mía, era ella quién gritaba cada vez que yo la hacía gemir de placer, cada vez que me inundaba entre sus piernas, pero yo la ignoraba, deseaba su cuerpo, y lo que me hacía sentir, deseaba que me hablara sucio, y que se comportara como tal; mejor aún que no hablara. Cada vez que le miraba solo deseaba tenerla sin ropa para poseerla, pero su corazón infantil creía que mi mirada era porque la amaba como ella a mí. No sabía como hacer para que ella no me quisiera tanto, ni ella tampoco.

Muchas veces intentamos alejarnos, entre lágrimas suyas, entre mentiras que yo le decía para que no se sintiera tan mal, tan, porque mal se sentía desde el día en que se enamoró de mi, desde la primera vez que me vio sonreír me dijo ella. Yo por el contrario también sentí algo desde que la vi, tenía deseos de follarla, con pasión, con violencia, con fuerza, pero sin amor, sin sentimientos, su amor entorpecía mi camino hasta su cuerpo, hasta su sexo.

Sin embargo, las mentiras, las verdades eran a medias, adrede le dejaba alguna palabra suelta, para que ella tuviera de donde agarrarse, un pequeño lazo de esperanza que la hiciera quedarse, para yo poder hacerlo, una, y otra, y otra vez más, hasta que en un ataque de orgullo; a ella le diera por querer alejarse de nuevo, volvería por mis verdades, por mis mentiras a medias, eso también lo sabía.

Lo que veía de ella cuando no la conocía era a una mujer fuerte, segura, seductora, toda ella era erotismo, la cadencia al caminar, el meneo de sus caderas, el tambalear de sus piernas, el viento jugando con su pelo, exhalaba erotismo, no podía dejar de mirarla, imaginaba su cuerpo caliente y agitado encima de mi, imaginaba su cara durante el orgasmo, imaginaba el sabor acido de su sexo, el olor de su piel a miel con marihuana. Ella en cambio, veía en mi insistencia al mirarla a un hombre que iba a quererla, veía ternura, veía amor.
Pero la verdad es que ella; era un ser frágil, me quería tanto que yo no podía quererla, la fragilidad solo enamora en las películas. Entonces le mentí, le mentí con la mirada desde el primer momento, y después le mentí de todas las formas que encontré porque el deseo de poseerla hasta matarla era más fuerte que yo. Cuando por fin pude hacerlo me volví adicto a ella, no, no a ella, a su cuerpo, a lo que tenía entre las piernas, porque no me importaba el resto de su humanidad, no me importaba si se sentía triste, o feliz, cual era su libro favorito, o porque no le gustaban los dulces que se veían lindos.
Me lo contó, y fingí prestarle atención, pero la verdad es que en esos momentos solo le veía la boca carnosa, y roja, moviéndose y me imaginaba todo lo que iba a hacerme con ella.


Ella también me deseaba, el deseo le provenía del amor que sentía por mi, era inmenso, eterno: como el Mar. Me hubiera dicho si alguna vez se lo hubiese preguntado, todo lo que concernía a mi era desbordado para ella, su amor, su deseo, su enfermedad, y su locura, no se medía en palabras, ni en sentires. Y los besos que me daba así fueran infinitos nunca le fueron suficientes como para no quererlos más.

Y eso; era lo que no la dejaba apartarse de mi, le daba placer como nadie nunca lo había hecho, aunque en el fondo sabía que nunca iba a darle amor. Su deseo actuaba por ella y me seducía como si fuera otra mujer quien me hablaba y me tocaba, teníamos sexo como dos locos, en los lugares más públicos, y a ella le gustaba, yo le hablaba sucio, la trataba como a una puta, porque eso quería que fuera, ella gemía y cuando llegaba al orgasmo, y a ese después donde todos los seres humanos somos tristes por unos instantes. Volvía la mujer enamorada, y entonces se daba cuenta que por más deseo que hubiera de mi parte jamás iba a amarla, y lloraba, y me reprochaba, y se sentía sucia, y se sentía puta, sin serlo. Y me odiaba por haberla rebajado de su status de mujer, por haberme olvidado que pensaba, que sentía, que no solo sentía placer, que me amaba, que quería que la cuidara, que la extrañara. No lo logré, no me interesó lograrlo desde el primer momento en que la vi.

Ella me odia, porque me amó, porque la dejé vacía, rota.

Yo en cambio nunca pude amarle, ni en otra vida lo haría, para mi es una mujer por la que no puedo sentir amor, solo los más bajos instintos, solo carne. No la amo, pero este deseo por ella no me abandona, no se me sale del cuerpo, no la amo; pero nunca olvidaré su cuerpo, y siempre me oleré los dedos creyendo que aún conservan el olor a su sexo.

Homenaje a L'amant Marguerite Duras.



Siempre he creído, y sentido en una fuerza cósmica, un elemento sobrenatural que se presenta al momento de escoger un libro, o de que un libro nos llegue a la vida por diferentes motivos del azar, ese, y no otro, ese entre muchos otros, ese en el momento, en la situación adecuada, para enseñarnos, o para mostrarnos que intemporal, universalmente no estamos solos en determinado sentimiento o situación que estemos atravesando.

Me llega entonces a las manos, y a los ojos este libro hermoso del cuál no puedo separarme, y si lo hago es porque los deberes del mundo real me llaman. De por si su autora me intriga, me fascina, aún sin conocer su obra por lo poco que he leído sobre ella, francesa, alcoholica, instintiva, caótica, y genio; varios adjetivos que me resultan deliciosos.

Una mujer bellisima en su juventud, y aún en sus años de adultez, seductora, perversa, tan egocéntrica y maravillosa a la vez que su obra no es más que ella misma traducida a las letras.

Entonces entre los muchos elementos deliciosos e inquietantes que me dejó este libro, que me llegó en el momento oportuno y me arrancó lágrimas, suspiros, que me revivió recuerdos, me quedo con su personificación de las cosas. Y es que a menudo hablamos de cosificar a las personas, de quitarles su humanidad y reducirlas a un objeto.
Pero nunca nos ponemos a pensar en el ejercicio contrario, que incluso me atrevería a decir lo empleamos más a menudo personalizar un objeto, dotarlo de alma, de vida, lo hemos hecho todos, incluso, lo han hecho quiénes critican a la banalidad, a la trivialidad.
Los objetos dejan de ser eso, un simple objeto cuando su sola existencia nos remite a algún sentimiento, los objetos son recuerdos, son olores, sabores, son situaciones que a diferencia de nosotros si han perdurado, si han logrado burlar al tiempo.
Entonces en el amante, aparece este acto, desde el comienzo, desde la misma razón de la creación del libro, unas fotografías. ¿qué son? Simple papel fotográfico con químicos, ajadas por los años, llenas de polvo. Pero dejan de ser esto cuando transportan a Marguerite en un viaje express por su memoria, cuando le permiten ver rostros que ya no existen, cuando le permiten revivirse a ella misma en su juventud, se ve, y siente como si lo viviera de nuevo, se ve en las fotos y siente así sea una ilusión que puede ser joven de nuevo.
Se evidencia todavía más con el sombrero, ese famoso sombrero palo de rosa de hombre, ese, y no otro que llegó a su cabeza por azares del destino, y que según ella misma lo dice, pareciese que haya sido el que la haya dotado de ese carácter de esa sensualidad mística que se le antojaba irresistible a los hombres, y por lo que no podía escapar a las miradas.

Un simple sombrero, viejo, ahora estaba dotando de cualidades a una persona, como decir entonces que es un simple objeto, si tan solo con existir tuvo la capacidad de alterar la vida a su dueña que si poseía vida.

Yo no podría concebir mi vida sin objetos, sin los objetos que la componen, me tacharán de banal, es probable, y tal vez tengan razón, no es mala una dosis de banalidad para la vida. Muchos objetos que me acompañan definen en parte lo que soy, me distinguen de los demás, me dotan de seguridad, y hasta me hacen creer que poseo cierto encanto como el sombrero de la pequeña Duras.


Otros por el contrario, están empapados de sentimiento, de recuerdos. Y son lo único que no me deja olvidar, pues la memoria me falla, pero un objeto es eterno, irónicamente más duradero que la humanidad misma, que las relaciones, y que los amores.

Un objeto es la prueba, cuando ya el tiempo hace pensar que nada existió, que todo fue producto de la imaginación. Mis objetos más preciados, me hacen recordar, me hacen revivir sentimientos que ya creía enterrados, me hacen volver a oír palabras, silencios, añorar, extrañar. Como si me transmite tanto, como negarle así sea un poquito de alma, la tiene, así sea que se haya quedado con la mitad de la mía. 

Medio rota, Medio vacía, Medio viva....

El dolor más grande fue darme cuenta que podía mirar a todas como solía mirarme a mi. 
Su mirada, esa, esa que usaba conmigo era la que me hacía aferrarme a un algo que nunca hubo. Es astuto mentir con la mirada.
Por aquel entonces nunca me había sentido tan poco especial.